miércoles, 1 de junio de 2011

Diálogo entre Creonte y Antígona

A continuación reproducimos unos de los más bellos pasajes de la literatura clásica: el diálogo entre Creonte y Antígona del dramaturgo griego Sófocles.

La historia que antecede al texto es la siguiente: «Dos hermanos de Antígona: Eteocles y Polinices luchan por el control de Tebas. En en transcurso de la guerra, mueren los dos debido a lo cual asume la corona de la ciudad el tío de ambos, Creonte. Éste decreta que el hermano que defendía la ciudad — Eteocles — sea enterrado con todos los honores, mientras que el atacante — Polinices — sea dejado donde está para ser pasto de las alimañas.
Según la mentalidad griega, un cuerpo insepulto condenaba a su alma a vagar eternamente por la tierra. Antígona decide desobedecer las órdenes de su tío y cubre el cuerpo de su hermano con una capa de tierra fina, pero suficiente para ser un funeral válido ante los dioses, desencadenando la ira de Creonte. Antígona es presa y juzgada por Creonte en el diálogo que viene a continuación.

CREONTE
(a Antígona) Y tú, tú que inclinas al suelo tu rostro, ¿confirmas o desmientes haber hecho esto?

ANTÍGONA
Lo confirmo, sí; yo lo hice, y no lo niego.

CREONTE
(Al guardián.) Tú puedes irte a dónde quieras, ya del peso de mi inculpación.
Sale el guardián.
pero tú (a Antígona) dime brevemente, sin extenderte; ¿sabías que estaba decretado no hacer esto?

ANTÍGONA
Si, lo sabía: ¿cómo no iba a saberlo? Todo el mundo lo sabe.

CREONTE
Y, así y todo, ¿te atreviste a pasar por encima de la ley?

ANTÍGONA
No era Zeus quien me la había decretado, ni Dike, compañera de los dioses subterráneos, perfiló nunca entre los hombres leyes de este tipo. Y no creía yo que tus decretos tuvieran tanta fuerza como para permitir que solo un hombre pueda saltar por encima de las leyes no escritas, inmutables, de los dioses: su vigencia no es de hoy ni de ayer, sino de siempre, y nadie sabe cuándo fue que aparecieron. No iba yo a atraerme el castigo de los dioses por temor a lo que pudiera pensar alguien: ya veía, ya, mi muerte –y cómo no?—, aunque tú no hubieses decretado nada; y, si muero antes de tiempo, yo digo que es ganancia: quien, como yo, entre tantos males vive, ¿no sale acaso ganando con su muerte? Y así, no es, no desgracia, para mi, tener este destino; y en cambio, si el cadáver de un hijo de mi madre estuviera insepulto y yo lo aguantara, entonces, eso si me sería doloroso; lo otro, en cambio, no me es doloroso: puede que a ti te parezca que obré como una loca, pero, poco más o menos, es a un loco a quien doy cuenta de mi locura.

CORIFEO
Muestra la joven fiera audacia, hija de un padre fiero: no sabe ceder al infortunio.

CREONTE
(Al coro.) Si, pero sepas que los mas inflexibles pensamientos son los mas prestos a caer: Y el hierro que, una vez cocido, el fuego hace fortísimo y muy duro, a menudo verás cómo se resquebraja, lleno de hendiduras; sé de fogosos caballos que una pequeña brida ha domado; no cuadra la arrogancia al que es esclavo del vecino; y ella se daba perfecta cuenta de la suya, al transgredir las leyes establecidas; y, después de hacerlo, otra nueva arrogancia: ufanarse y mostrar alegría por haberlo hecho. En verdad que el hombre no soy yo, que el hombre es ella si ante esto no siente el peso de la autoridad; pero, por muy de sangre de mi hermana que sea, aunque sea mas de mi sangre que todo el Zeus que preside mi hogar, ni ella ni su hermana podrán escapar de muerte infamante, porque a su hermana también la acuso de haber tenido parte en la decisión de sepultarle. (A los esclavos.) Llamadla. (Al coro.) Si, la he visto dentro hace poco, fuera de si, incapaz de dominar su razón; porque, generalmente, el corazón de los que traman en la sombra acciones no rectas, antes de que realicen su acción, ya resulta convicto de su arteria. Pero, sobre todo, mi odio es para la que, cogida en pleno delito, quiere después darle timbres de belleza.

ANTÍGONA
Ya me tienes: ¿buscas aún algo más que mi muerte?

CREONTE
Por mi parte, nada más; con tener esto, lo tengo ya todo.

ANTÍGONA
¿Qué esperas, pues? A mi, tus palabras ni me placen ni podrían nunca llegar a complacerme; y las mías también a ti te son desagradables. De todos modos, ¿cómo podía alcanzar más gloriosa gloria que enterrando a mi hermano? Todos éstos, te dirían que mi acción les agrada, si el miedo no les tuviera cerrada la boca; pero la tiranía tiene, entre otras muchas ventajas, la de poder hacer y decir lo que le venga en gana.

CREONTE
De entre todos los cadmeos, este punto de vista es solo tuyo.

ANTÍGONA
Que no, que es el de todos: pero ante ti cierran la boca.

CREONTE
¿Y a ti no te avergüenza, pensar distinto a ellos?

ANTÍGONA
Nada hay vergonzoso en honrar a los hermanos.

CREONTE
¿Y no era acaso tu hermano el que murió frente a él?

ANTÍGONA
Mi hermano era, del mismo padre y de la misma madre.

CREONTE
Y, siendo así, ¿como tributas al uno honores impíos para el otro?

ANTÍGONA
No sería a ésta la opinión del muerto.

CREONTE
Si tú le honras igual que al impío…

ANTÍGONA
Cuando murió no era su esclavo: era su hermano.

CREONTE
Que había venido a arrasar el país; y el otro se opuso en su defensa.

ANTÍGONA
Con todo, Hades requiere leyes igualitarias.

CREONTE
Pero no que el que obró bien tenga la misma suerte que el malvado.

ANTÍGONA
¿Quién sabe si allí abajo mi acción es elogiable?

CREONTE
No, en verdad no, que un enemigo.. ni muerto, será jamás mi amigo

ANTÍGONA
No nací para compartir el odio sino el amor.

CREONTE
Pues vete abajo y, si te quedan ganas de amar, ama a los muertos que, a mi, mientras viva, no ha de mandarme una mujer.

El Alicanto

EL ALICANTO



a) Es un pájaro fabuloso que vive entre los cerros de minerales y se alimenta de oro o de plata, según sea el metal del cerro donde mora. Sus ojos despiden extraños fulgores. De sus alas se desprenden reflejos que lo envuelven en un halo luminoso, cuando camina por los peñascales. Si tiene su buche lleno, no puede volar debido al peso de los metales con que se alimenta, pero no le es difícil huir si alguien se atreve a perseguirlo, pues en cualquier recodo o grieta se oculta, sin dejar huella de su paso.

Si la persecución es mantenida, el Alicanto se perderá y aparecerá; caminará con un paso más rápido y a veces lento, hasta que por fin arrojará una luz fuertísima que traspasará y encandilará al perseguidor dejándolo enceguecido en medio de un camino o al borde de un precipicio.

(Versión de Oreste Plath)


b) Cuando está ayuno come con ligereza y, cuando está harto, lentamente. Si se siente perseguido oscurece sus alas. Habita en pequeñas cuevas. Pone dos huevos, de oro o de plata. A veces lleva a sus perseguidores a la muerte y los arrastra a los bordes de los precipicios. Los mineros que tienen por guía a un Alicanto se enriquecen, ya que éste los conduce a puntos donde existen ricos yacimientos o a los sitios donde hay algún tesoro enterrado.

c) Es un pájaro de plata y oro que orienta a los mineros hasta el filón del mineral que ellos buscan. Aparece solamente de noche y su cuerpo no proyecta sombra alguna sobre la tierra. Si el minero que lo sigue va poseído de una ambición desmedida, el Alicanto lo arrastra a un precipicio, donde perece.





Esta es la versión que debió aparecer en la guía de bibliocra de 8os .